DE QUE QUIERES QUE TE HABLE?(episod.3)

pez                                                          

                 

                                                 III

Es curioso como se porta el destino.

Mi padre siempre se jactaba de su buena suerte y sobre todo de su buen hacer al volante. 24 años conduciendo y jamás había tenido ni el más mínimo percance con el coche. Ningún pequeño golpe al aparcar, ninguna salida de la carretera en una helada mañana de invierno, ningún reventón, ninguna leve colisión con algún otro conductor que se hubiese saltado un “ceda el paso”.

Nada.

Él mismo se reía cada vez que salía el tema (casi siempre sacado por él mismo) y comentaba que al final los de la aseguradora iban a pagarle a él por seguir con ellos si seguían reduciéndole la tarifa cada cierto tiempo.

Por eso no se sabe, creo que nunca llegaré a saberlo y eso es lo que más me jode del asunto, por qué el coche se salió de la autopista y acabó en el fondo del pequeño río que circunda mi ciudad.

Según los testigos que observaron la maniobra desde coches cercanos el coche de mi padre no hizo ningún extraño, no hubo volantazos ni nada parecido, y no fue desde luego por exceso de velocidad, mi padre siempre fue muy respetuoso al respecto.

Simplemente el coche no giró en la curva y se precipitó al vacío.

Lo primero que se pensó fue que mi padre podría haber ido bebido. Yo sabia que eso era imposible pero permití que se le practicase la autopsia a ambos, a pesar de que mi abuela se puso como un basilisco en cuanto se enteró. Es una buena mujer, pero los nervios y el gran pesar del momento mezclados con su profunda devoción cristiana la hacían ver aquello como una injustificable profanación de las leyes de nuestro Señor.

En fin.

La autopsia se realizó y mi padre no tenía el más mínimo nivel de alcohol en la sangre. Pero, eso sí, la injustificable profanación de las leyes de nuestro Señor sacó a la luz los motivos de la muerte de mi padre. Al contrario de lo que se creyó en un principio no murió ahogado.

Sí, es curioso el comportamiento del destino. También con la salud era una persona con suerte mi padre. Nunca cogía la gripe, nunca se torcía un tobillo, nunca tenía que ir al ambulatorio o a urgencias por ningún motivo. Pero eso sí, murió antes de que el coche llegara a tocar el agua.

Un infarto, o algo por el estilo me contó el doctor forense. No presté atención a sus palabras apenas. ¿Acaso creía que me importaba si mi padre había muerto de un infarto de no-sé-qué o se lo había comido un dragón a lunares?.

Parece ser que mi padre tenía una acumulación de colesterol “malo” y de otras chorradas por el estilo, tenía los vasos adjuntos al corazón saturados, y era como una bomba de relojería. Podía haberle pasado en el accidente o podía haberle pasado 20 años después, o quizá nunca, depende de la suerte de cada uno.

El caso es que si no hubiese sido por esa acumulación en las arterias y venas de mi padre probablemente no habría muerto en el accidente, ya que es un pequeño salto de 2 metros desde la autopista al río, y es un río con poquísima corriente.

A no ser, claro, que hubiese tenido la misma suerte que mi madre.

Puedo imaginármelo. Tras el susto inicial y la zambullida se dirige presta a ayudar a mi orondo padre y a salir ambos enseguida del río, sin ningún problema ya que siempre fue una grandísima nadadora y tras mi nacimiento mejoró su aptitud acuática al empezar a ir una hora al día a la piscina para perder lo menos posible la figura que había tenida antes del embarazo, y lo que iba a ser temporal hasta perder unos pocos quilos y recuperar su anterior buena figura se convirtió un hábito que conservó hasta la muerte; y qué, probablemente, la habría salvado de morir ahogada si no hubiese sido porque, y aquí entra de nuevo la graciosa ironía del destino, no fue capaz de quitarse el cinturón de seguridad.

¿Nervios?

¿Torpeza?

¿Mal funcionamiento?

Nunca lo sabré.

Pero puedo imaginármelo, repito.

Su primordial pensamiento de ayudar a mi bastante menos ágil padre se ve súbitamente cortada por la primero inquietud y enseguida pavor que le entra al comprobar que no es capaz de desabrocharse el cinturón de seguridad. Cada vez más nerviosa y aterrada forcejea con mayor brusquedad siendo consciente de que está perdiendo unos segundos preciosos para la tarea de salvar a mi padre (muerto ya, pero ella no podía saberlo, claro) y a ella misma, mientras cada segundo que pasa la hace más y más consciente de que el objeto destinado a salvarle la vida en cualquier accidente de tráfico va a ser su inanimado asesino en el único accidente de su vida. No sé hacia quien estarían dirigidos sus últimos pensamientos, si hacia mí, hacia mi padre, hacia ella misma o hacia Dios, ya que no creo en absoluto la tontería esa de ver toda tu vida pasar en un instante por delante de tus ojos. Pero lo que sí puedo imaginar son las últimas y agónicas décimas de segundo de su vida, con los pulmones ardiéndole, suplicando un poco de aire.

No me imagino como será mi muerte, ya que es un tema que me aterra, pero lo que sí he pensado una y mil veces es que morir asfixiado es la muerte que probablemente más temo.

Por eso, Dios me perdone, no puedo negar que he pensado más de una vez mejor ella que yo.

Y quizá también por eso, en retribución he pasado tantas y tantas noches de insomnio visionando la muerte de mi madre.

Nunca he tenido pesadillas de ello, pero no hace falta. Con mi maldita imaginación me basta para haber pasado noches enteras creando la funesta película de sus sufrimientos finales una y otra vez en mi mente.

Y hasta la he imaginado más de una vez medio descompuesta, suspendida dulcemente en la profundidad de un río, con casi todo el cuerpo fuera del coche tras haber atravesado el parabrisas, pero con el pie dentro, enredado con el cinturón. La cara azul e hinchada rodeada de peces que lentamente se alimentan de ella, ahora un mordisquito aquí, ahora me meto por la boca abierta a ver qué encuentro, ahora arrebaño bien las cuencas de los ojos, que aún queda algún nervio…

Y creedme, con estas visiones en la mente una y otra vez no es muy fácil dormir.

No lo era.  

Hasta que el Diablo llegó a mi buhardilla.

~ por almarrota en 12 Abril, 2007.

4 comentarios to “DE QUE QUIERES QUE TE HABLE?(episod.3)”

  1. Yo también pensaba que el final más angustiosa sería morir ahogada, hasta que leí que en realidad es una muerte relativamente “dulce”. Mucho más agónico es morir quemado… Vaya paranoias!!
    Besos, almarrota, a ver si escribes algo más “bonito” la próxima vez.

  2. bueno… lo malo de morir ahogado es que tienes “demasiado” tiempo para pensar,… creo que ardiendo la agonia abarca todo pensamiento..

    jaja, ya deberias conocerme, alemana… sabes que no escribo sobre flores o amores que acaban bien,… prefiero los finales tristes.., son mas bonitos y realistas

    besos, germana!!

    luix

  3. Leyendo tus respuestas a mis comentarios, deduzco que en realidad no tengo ni idea de porqué haces las cosas como las haces… No porque yo las haría de una manera completamente distinta, sino proque soy incapaz de encontrar el razonamiento que te lleva a hacerlo así.

    Veasé: No me cabe en la cabeza que hayas puesto las letras tan grandes a posta. Para qué? Si es molesto cual avispa en los cojones!

    Y lo mismo con las frases largas, los dibujos sin terminar y mil cosas más. Sencillamente me cuesta entender porqué haces las cosas como las haces. Será que soy un pedante y creo que mi verdad es la única buena? Será que tú razonas de una manera complatemente distinta a la mía?

    En fin. seguro que esto (tú) es (eres) una lección a aprender, esperemos no suspender la asignatura.

    Por cierto, no me gusta este capítulo. Quitando las dos últimas frases (que me encantan como broche final), s eme hace irreal la manera de hablar del tio sobre la muerte de sus padres. Más que un tipo contando como la palmaron sus viejos, me parece que fueras tú poniendo en boca de alguien palabras… No sé explicarlo, pero en general no me llega, me parece un poco forzado y artificial. Esto era lo que no me gustaba del relato cuando lo leí por pimera vez, por eso te preguntaba una y otra vez si lo habías reescrito, porque recordaba que no me gustaba la parte de la muerte de los padres pero todavía no habías llegado a ella xDDD

    En fins, que lo digo porque imagino que te gusta que te lo diga, pero ya sé yo que tú estarás satisfecho y que te la sudará amablemente lo que diga, jajaja.

    Un abrazo, ya hablamos!

  4. claro, tio,pero es que precisamente lo que intento transmitir aqui es eso, que el tio narra friamente, incluso con humor negro, hechos que deberian importarle y tocarle profundamente… hechos que le importaron y condicionaron su vida… hasta que su relación con su huesped le cambió la vida y el modo de pensar y todo lo demás pasó a un segundo plano…empezó a ver la vida, y la muerte, incluso la de los seres queridos, desde otro angulo, otra perspectiva

    o al menos es lo que intento transmitir. esa frialdad o aritficalidad es premeditada…

    :D

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