Fábula con mala leche (y II)
Una mujer paseaba por el desierto cuando de repente su pié tropezó con algo.
Al bajar la mirada vio a una serpiente retorcida en el polvo, mezclado con sangre de la propia serpiente, que tenía medio cuerpo aplastado por la pisada de algún animal. El ofídio se retorcía lentamente de dolor, moribunda, y de sed, ya que debía llevar bastante tiempo sin poder moverse bajo el sol del desierto.
La mujer, apenada, en un gesto de bondad la recogió entre sus brazos, y se la llevó a la sombra de su cabaña en el poblado indio.
Durante dias cuidó a la serpiente, le limpió las heridas, la mantuvo fresca por el dia en las sombras, y caliente por las noches junto al fuego, le dio de comer y de beber, y rezó por ella, quedandose la propia mujer en vela para poder cuidar mejor al animal. Y asi tras varios dias entre la vida y la muerte, un dia la serpiente despertó, ya curada.
La mujer agotada tras tantos dias de cuidados y de vigilancia sin apenas dormir, no cabia en si del gozo que tenia por haber salvado una vida, y se levantó para ir a por un poco de agua para la serpiente, cuando de repente notó un doloroso calambre en el tobillo, y cayó de rodillas al suelo mientras alcanzaba a ver como la serpiente se alejaba reptando hacia la puerta de la cabaña y la libertad del desierto.
Entre temblores, sintiendo frio y la muerte llegar mientras perdia las fuerzas, la bondadosa mujer solo alcanzó a preguntar: “por qué… por qué?… te encontré moribunda, te salvé, te cuidé, te di todo mi amor, te alimenté y te ayudé… por qué me has matado?”
La serpiente, con gesto serio, miró una última vez atrás, y tras estudiar el convulsom rostro de dolor de la mujer tirada en el suelo, simplemente dijo:
“Zorra. Tú ya sabías que yo era una serpiente”
Creo que la moraleja está clara. Las cosas son como son. Y si sabemos como son, no intentemos hacerlas cambiar, ni nos quejemos si no ocurre ese cambio que esperabamos y que nadie nos prometió.
O quizá que no juegues con serpientes si sabes que muerden, y que tú no tienes antidotos en casa.
Sed felices todos
Paz


Un gran fallo el de la mujer, muy buena tu fábula, la moraleja está muy clara.
Yo me he topado con alguna que otra serpiente y es verdad que siempre terminan mordiendo. Las cosas son como son, solo tu puedes cambiar y eso se hace aprendiendo, así que es necesario encontrarse con este animal.
las mujeres siempre sueñan que lograran hacer cambiar al chico de sus sueños, y los tios pensamos que nunca cambiara la chica de nuestros sueños
la inteligencia humana es constante pero la poblacion no
chao