Telón

•28 septiembre, 2017 • Dejar un comentario

“Pido perdón, pude hacerlo mejor” Dijo Bufón.

Y con un “¡ale-hop!”, cabriola y gesto de adiós:

“Pido perdón por ser como soy, y ahora abro el telón. ¡Que comience la función!”

Se va a un oscuro rincón, entre perezosos aplausos, y más de un espectador se estremece, sin saber muy bien por qué. Y con el sonido de una antigua caja de música desafinada, pasamos al siguiente acto de tú decadente historia.

Así que corre, date prisa, ponte el gorro, mueve los cascabeles, abróchate los leotardos y, sobre todo, ríe..ríe mucho, ríe alto, ríe ,ríe, ríe, cabrón!

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Naturaleza Muerta

•28 septiembre, 2017 • Dejar un comentario

Insomnia… como la musa de la perdición.. miedo a volar en sueños no elegidos, siempre conocidos, nunca realizados..

Dinero quemado alumbra la colina de sal…sal, sal de la cueva y corre desbocado entre la blanca arena. Buscando el humo que indica el tesoro, aunque sean cenizas para tu cara marcada. Marcado un rostro desconocido que elegiste para la mascarada. Y cierra la celda, cierra y apaga, y sueña conmigo.

Me pierdo entre musas en coma , expectantes, soñando mi vida, soñando este instante. Y nos vemos ya muertos en trincheras sin fin, caminos marcados recorren esta guerra en que no nos jugamos nada. Pues morimos hace tiempo, y se acerca ya el alba.

Despierta.

Los Muertos Vivientes (Analisis del comic en general, y del tomo 20 en particular)

•27 junio, 2014 • Dejar un comentario

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Hoy he pensado que es muy raro que en un blog tan heterogéneo como éste, en el que he hablado de sentimientos, he contado historias, he escrito poemas, he hablado de mi y de mi vida, de política, de videojuegos, de música o cine, de amor, e incluso de odio, en resumen de cualquiera de las cosas que llenan mi vida, que nunca (o no lo recuerdo si ha sido así) haya escrito sobre ningún cómic, una de mis más grandes pasiones. Así que he decidido que hoy voy a cambiar eso.

Y voy a empezar por “Los Muertos Vivientes”. Y no porque vea la serie de televisión, que no lo hago (si, ya se que está muy de moda, pero no soy precisamente el típico hipster o el típico siguemodas), o porque sea uno de mis cómics preferidos, que lo es, ya que está claro que es un gran cómic, oscilando entre el notable y el sobresaliente siempre, con clímax puntuales de matrícula, pero también altibajos en varios periodos. Pero aunque es uno de mis cómics favoritos, sobre todo de los últimos años, tengo muchos cómics de “culto” que tengo por encima de ésta obra de Robert Kirkman, como casi cualquier cosa del Señor (por favor quítense los sombreros) Alan Moore, tipo “Watchmen”, “V de Vendetta”, “From Hell”, “La Liga de los Caballeros Extraordinarios”, “Top Ten”, etc, como muchos otros cómics aun mejores que “Los Muertos Vivientes”, desde “Predicador” de Ennis hasta “Sandman” de Neil Gaiman, pasando por muchos arcos argumentales brillantes de cómics de superhéroes como pueden ser las etapas de Frank Miller en “Daredevil Born Again”, o en “Batman Año Uno”, o “Batman El Regreso del Caballero Oscuro”, o todo lo que hizo Warren Ellis con “StormWatch” y su genial continuación en “Authority” comenzando, creo yo, con esa perspectiva actual y más realista del mundo del superhéroe que tanto han explotado posteriormente grandes guionistas como Mark Millar, Grant Morrison o Matt Fraction.

Pero, retornando a la serie que nos ocupa hoy (ah, mi superpoder increíble de enrollarme saltando de rama en rama) , “Los Muertos Vivientes” es una serie buena. No solo buena, si no muy buena. Porque no es una serie sobre zombies. Si fuera una serie sobre zombies no habría enganchado desde el principio a un tipo como yo, que siempre huyó como de la peste de cualquier subproducto que tuviera que ver con ese terror barato de “serie b”. Nunca me han gustado los zombies. Rectifico. ODIO el cine, la literatura, los cómics, lo que sea de zombies. Con muy pocas excepciones, como “Shawn of the Dead”, esa deliciosa (no)comedia y (no)parodia de pelis de zombies cuyo titulo en español me niego a escribir, como “Zombie” la segunda peli de Romero (el cabrón que comenzó todo esta odiosa subcultura popular) por autoparódica y a la vez critica social, o como “28 días después”, o como “BrainDead”. Y no, de ésta no tengo explicación de por qué me gusta. Simplemente me descojono siempre que la veo. Y, por supuesto, el survival horror videogame de la primera Playstation que tantas y tantas horas de felicidad y sustos me dio como es “Resident Evil 2”, uno de los juegos a los que más cariño tengo. Pero como digo, quitando estas honrosas y escasas excepciones, no soporto nada que tenga que ver con los zombies, por norma general, y por eso me sorprendió tanto que me enganchara al principio “Los Muertos Vivientes”, tenía clarísimo que no me iba a gustar, cuando me lo dejo un ex-compañero de clase. Pero, según avanzó la trama, me di cuenta de por qué me había enganchado así la serie: Primero, porque era brutal. Buenísima. Dura, Pero muy inteligente, y creíble. Y segundo, y esto es lo más importante, porque “Los Muertos Vivientes” no va de zombies. Repito para oídos difíciles: LOS MUERTOS VIVIENTES NO ES UN CÓMIC DE “ZOMBIES”. No es un cómic que narre la historia de como un grupo de gente intenta sobrevivir a los zombies. Cuenta la historia de como un grupo de gente intenta sobrevivir a otros grupos de gente, y a ellos mismos. Y, sobre todo, cuenta una aventura real por lo irreal, cuenta lo que pasaría si por cualquier causa apocalíptica o no, con zombies, o por cualquier otra amenaza, tuviéramos que aprender de nuevo todo eso que miles de años de evolución y civilización nos han robado, al menos en los países occidentales: Qué pasaría si tuviéramos que aprender a sobrevivir de nuevo. Lo bello de la atroz de la naturaleza. La humana, y la otra. Y todo esto se resume muy bien en las palabras de todas las contraportadas de todos los tomos de la serie, que siempre leo antes de abrir cada nuevo tomo, pensando seriamente en ellas, comprendiendo lo aletargados que estamos, gordos, lentos, torpes, y sabiendo que seriamos todos carnaza si nos viéramos empujados a la naturaleza primigenia:

“¿Cuantas horas al día pasas viendo la televisión?¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros DE VERDAD hizo algo para conseguir lo que QUERÍA?¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros NECESITÓ algo de lo que quería?(…)El mundo del comercio y de las necesidades superfluas ha sido reemplazado por un mundo de supervivencia y responsabilidad. (…) La sociedad se ha desmoronado. SIN GOBIERNO. SIN SUPERMERCADOS. SIN CORREO. SIN TELEVISIÓN POR CABLE. EN UN MUNDO GOBERNADO POR LOS MUERTOS, POR FIN NOS VEMOS OBLIGADOS A EMPEZAR A VIVIR.”

Como digo, la trama no despunta por su originalidad. Comienza con nuestro protagonista Rick Grimes, policía de un municipio cercano a Atlanta que tras haber sido herido de gravedad en servicio despierta de un coma de unos meses para darse cuenta de que está sólo en un hospital abandonado (28 dias después?) , bueno, no exactamente abandonado si no invadido por una plaga de muertos vivientes (es curioso, si no recuerdo mal en todo el cómic no se llega a decir la palabra zombie ni siquiera en una sola ocasión), asi como el resto de su pequeña ciudad. Nuestro héroe, aturdido, desorientado, sin saber que ha pasado, y lógicamente acojonado decide marchar en busca de su familia. Y lo que sigue, asi a grosso modo es una aventura continua de supervicencia en un mundo postapocalíptico en el que los pocos humanos supervivientes se agrupan en pequeñas bandas, y donde reina la violencia como ley de supervivencia (Mad Max? El puño de la Estrella del Norte? Tantas otras películas con temática similar???)

Pero, como digo, no es en la trama, nada original, ni el escenario de los zombies, nada atrayente para mi, donde reside la grandeza de éste cómic. Lo que hace a “Los Muertos Vivientes” un cómic tan bueno no es el fondo, si no la forma. Esa crudeza, ese realismo que duele en el devenir de la historia, como logra Kirkman transmitir esa sensación de pesimismo, de “no future”, de que ésto es simplemente una huida hacia delante, sin salida posible, pese a los deseos de Rick. Es la brutalidad. Es lo duro de la historia, y no duro por sus escenas violentas, si no por lo doloroso que es todo. Y lo bién que lo ha plasmado Robert Kirkman, con la inestimable ayuda de los crudos y engañosamente sencillos dibujos en blanco y negro de Charlie Adlard. Este dibujo merece un aparte, porque si bien sin grandes concesiones ni espectáculo, el dibujo de Adlard complementa a la perfección la historia de Kirkman. Pese a que cuando entró a la serie (los 6 primeros números USA los dibujó de manera objetivamente mucho más logrados Tony Moore) parecía un descenso en la calidad con respecto a su predecesor, enseguida nos damos cuenta que el estilo simplista (que no sencillo) de Adlard , sin artificios que nos despisten, pero plasmando con crudeza la dureza de este nuevo mundo, es un estilo de dibujo que viene como anillo al dedo a la historia, y sin el cual ya no concebimos leer este cómic, por mucho Adam Hughes o Brian Hitch o cualquier otro monstruo de la ilustración que pudiera relevarlo.

Los Muertos Vivientes es un cómic crudo, duro, pesimista, triste, realista, inteligente, emocional, directo, que pese a la temática de zombies y de escenas muy brutales de necesidad, huye del gore facilón y del terror de casquería por norma (podemos encontrarnos capítulos enteros sin ver un zombie, olvidándonos de ellos por completo, porque la amenaza real siempre es otra.. aunque, ups, basta olvidarte de ellos para que uno mordiéndote el tobillo por sorpresa te recuerde que no puedes bajar la guardia). Es un cómic adulto, en todos los sentidos, y un cómic realmente necesario de leer, imprescindible si eres amante del noveno arte, te gusten o no las pelis de zombies, te guste o no la muy muy inferior serie de televisión.

LOS MUERTOS VIVIENTES

Lo mejor?: La dureza de la historia, pero con inteligencia, y con mucho realismo, sin personajes intocables. Sus giros. Su dibujo.

Lo peor?:  Algunos altibajos puntuales, las “calmas antes de las tormentas”, y, aunque todavía no se puede juzgar, la serie empieza a dar señales de estar agotada, y este es el momento de acabarla a lo grande y que quede en el olimpo de los cómics, o acabará alargándose innecesariamente para ser exprimida hasta que solo sea una caricatura de si misma, lastrando el veredicto final sobre algo que debería haber sido muy grande. Ah, y lo peor peor de la serie es que creo sinceramente que es la culpable de esta moda y renacimiento de libros, cómics, pelis, juguetes, series, juegos, y todo tipo de merchadising absurdo hasta lo inimaginable que tenga que ver con zombies. Horror!!!

Y AHORA, ANÁLISIS DEL ÚLTIMO TOMO SALIDO EN ESPAÑA, EL NÚMERO 20 “GUERRA SIN CUARTEL(parte 1)” OJO SPOILERS!!

Llevaba desde la muerte de Lori y la recién nacida en el final del arco argumental del “Gobernador”, aquel clímax increíble de una serie que había sido sencillamente brutal desde el número 1 hasta ese momento álgido, pensando que algo se había perdido, que ya no era lo mismo. La seguía comprando por inercia, y por curiosidad, claro, pero cada número me dejaba más vacío en esos tomos post época de la cárcel , incluso aburriéndome alguno (y eso en una serie que en todos los tomos anteriores era de chapeau era mucho más doloroso). No sabía a donde nos dirigía el camino ahora, e incluso lo que es peor, empezaba a no importarme… Hasta la aparición de Negan, ese nihilista sociópata que se come con patatas en carisma y brutalidad al mismísimo Gobernador. Al Gobernador al menos sabías por donde cogerle. A Negan nadie sabe nunca por donde va a salir, no creo que ni él mismo lo sepa.

Tras leer este último tomo y el anterior, el “Marchamos a la guerra”, he de reconocer que por primera vez en muuuuchos meses estoy de nuevo ansioso esperando el siguiente número. Kirkman tiene una gran oportunidad de dar un golpe sobre la mesa y transformar éste lento crescendo del nuevo arco argumental en otro gran clímax que lo “cambie todo para siempre”. O eso, o de cagarla y hacernos pensar que ya se ha acabado, que hemos llegado a lo máximo que se podía estirar esta historia sin que se estancara y nos aburriese con un más de lo mismo sin sentido. Espero, deseo, y creo que va a ser lo primero, y que nos dejará con la boca abierta, y cerrando el tomo unos segundos para decir en alto “no, no puede ser.. que cabrón!!”, como cuando Lori y el bebé murieron huyendo de la carcel, o, más recientemente, el primer número en el que aparece Negan en plan estrella reventándole los sesos a nuestro querido Glenn (delante de su esposa e hijastra) con su querido bate de baseball “Lucille”.

Pero, en cualquier caso, incluso si termina éste arco argumental con un tirabuzón con doble mortal que nos deje a todos pasmados, creo que sea por llegar a un momento cumbre, o sea porque demuestre que se ha quedado sin ideas, que el señor Robert Kirkman debería ir pensando en cerrar el círculo y terminar con esta historia, una gran historia, si, pero que para ser grande de verdad tiene que terminar cuando aun no esté agotada y así nos deje con esa agridulce sensación de que hemos asistido a algo realmente grande pero que por desgracia se ha acabado para siempre, en vez de dejarla morir lentamente alargándola sin sentido hasta que las ventas le hagan terminarla demasiado tarde sin pena ni gloria, como está pasando con por ejemplo Fábulas, otra serie que empezó genial, original y fresca, y que ahora mismo es solo una caricatura de lo que fue hasta “La gran guerra”.

Sea como sea, tras el ligéramente insípido tomo anterior, preparándo planes y maquinaciones, y aquella cagada de Rick por ansioso en su deseo de venganza con el antagonista, en éste tomo Kirkman ha logrado que me volviera a sentir como cuando leía su serie un año atrás, he estado todo el tomo en tensión, me he llevado varias sorpresas, lo he disfrutado, pese a algún agujero absurdo en el guión (¿Tienes a alguien tan peligroso como Negan al fin encerrado en su guarida rodeado de miles de zombies, y en vez de quedarte y mandar solo a unos cuantos a acabar con los grupos dispersos, os vais todos, para que os pille luego de nuevo desprevenidos? ¡Venga ya!) y sobre todo, lo mejor, de nuevo como hacía muchos números que no me ocurría, estoy con el mono, ansioso, y deseando leer ya el desenlace de este arco argumental, y quien sabe si de la serie…

Señor Kirkman, por favor, ¡no nos defraudes!

La sombra en la Esquina

•31 enero, 2014 • Dejar un comentario

Con el estruendo de la maquina intento silenciar tu voz aguda e insistente. Cada mechón que cae pretendo que sea un recuerdo que se va. Cada aguja en el pecho un momento especial.

Y miro a tu hermano, que no entiende nada, y yo no puedo hacerle comprender que su otra mitad ya no volverá, que la moneda perdió una cara, que cuando tenga frio nadie le arropará. Ya no tú distante, ella próxima, tú callado, ella habladora, tú tranquilo, ella inquieta, tú y ella, ya solo tú, tú, tú, tú…

Adios, pequeña. Te llamaron Mofletitos, se rieron de tu cara de tarántula, te llamaron traviesa, y eras la lider de una manada por siempre huérfana. Te llamaron, y viniste, y te quedaste anclada en mi corazón, para luego irte pronto, demasiado pronto.Luchaste por quedarte y seguir siendo la jefa de esta casa, luchaste como la guerrera que siempre fuiste, siempre plantando cara. Pero no pudo ser, ya lo sabíamos, y aún asi lo intentamos hasta el final.

Te llamaron de todo, pero tú siempre fuiste, eres y serás, simplemente Niña. Mi niña.

Te quiero, pequeñita, y espero que lo sepas. Donde quiera que estés.

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Respírame

•2 agosto, 2013 • 1 comentario

Tengo un nuevo (nueva) guardián en mi vida. Con grandes orejas para escuchar al demonio venir a mi porche. Tengo un nuevo (viejo) dolor en el corazón, un miedo que no me abandonará hasta que logre matarme. A pesar de mi nuevo (nueva) guardián. A pesar de los castillos construidos, de arena en la tempestad, castillos de un segundo, para la foto. Como la vida que se escapa.

Pasan los años y no comprendo mejor las cosas. Las respuestas a las antiguas preguntas nunca llegaron, o eran falsas. Pero el cartero me trae nuevas preguntas cada dia, me entrega los sobres con lágrimas en los ojos. Y me asusta no saber por qué llora. (Una nueva pregunta que nunca me atreveré a formular)

Cuánto sufrieron los aventureros en Creta.. caminando y caminando, sumando y avanzando, para encontrarse una y otra vez al principio. Y yo.. yo tengo miedo, escucho a la bestia en el corazón del laberinto, la escucho respirar… me escucho respirar. Estoy sentado, esperando nuevas víctimas. Porque me odio y solo haciéndoles sufrir puedo conseguir herirme a mi. Si no puedo escapar al menos nos divertiremos, verdad?

No se si estoy loco o demasiado cuerdo. Lanzo el collage de fotografías al aire para hacerte gracia, intento que aprendas algo de mi ignorancia, rezo porque mis errores te enseñen el camino y noto como se me vacían los intestinos al ritmo de cada martillazo en mi crucifixión (pero, es curioso, no me duelen los clavos oxidados).

Quiero volver a ver esa serie. Quiero volver a escuchar esa canción. Lo quiero todo, pero no hay tiempo de nada. Y me pregunto cuanta de mi historia será verdad. Me pregunto si es cierta mi infancia. Porque un hombre sin pasado es un hombre sin futuro. Porque no se si soy un sueño o soy real. Porque no logro recordar las putas caras.

Respírame. Respírame. Respírame. Respírame. Respírame.

Necesito que me sientas.

Necesito saber que soy real.

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Quimera

•3 octubre, 2012 • 1 comentario

La belleza del mundo adopta muchas formas, la mayoría de ellas inalcanzables. Como el lujo para el mendigo, como el Sol para Ícaro, como el cielo prometido para un ateo como yo.

Las dos monedas, el dolor y el amor, cogidas de la mano en tantos paseos por este caos que es la vida, nos enseñan que los pájaros más bellos lo son aún mucho más cuando no están encerrados en jaulas doradas, y que la vida tiene tanto que ofrecernos… pero tenemos las manos tan pequeñas que la mayor parte de las monedas se nos caen con estrépito  quedando bocarriba la otra cara , la del dolor y la del placer, amargo final de un pensamiento de verano agonizante.

Quisimos ser príncipes y princesas, valerosos y justos caballeros en un mundo de ranas voraces carentes de ninguna moral, y para ello blandimos la espada valientemente contra los demonios pestilentes. Blandimos y blandimos, y golpeamos con saña, contra los diablos de la Pereza, del Deseo, del Orgullo y de la Envídia. Golpeamos sin descanso, pero del agujero siguen fluyendo huestes enteras. Golpeamos hasta que nos duelen tanto los hombros que solo pensamos en rendirnos y que acaben rápido con nosotros. Golpeamos hasta que se nos saltan las lágrimas. Golpeamos hasta que nos damos cuenta de que hemos olvidado contra qué luchamos… por qué luchamos. Pero seguimos golpeando más y más y más porque solo queda odio, y nos damos cuenta que ese odio es contra nosotros mismos, que el agujero del que brotan los demonios no es otro si no nuestro oscuro corazón, y que el campo de batalla solo es un sucio espejo.

Asi que nos suicidamos ahogándonos en la sangre del Cristo salvador y maldito buscando redención, o quizá castigo, pero nada de eso alcanzamos tampoco pues nacemos de nuevo una y otra vez en un nuevo dia eterno sabiendo que somos hermosos y horrenos, santos y blasfemos, criaturas perdidas en un mar de reflejos en el que no exite el “debajo” o el “arriba”, ni salida , ni revolución que nos pueda salvar, tres veces malditos nuestros propios ojos por seguir viendo y queriendo alcanzar esa quimera de perfección que nunca acariciaremos. Es un brillante mundo de caos que nos envuelve por fuera… y que nos brota de dentro.

El Teléfono Escacharrado (Por El Telefonista)

•19 agosto, 2012 • 4 comentarios

Decía Descartes, e incluso Sócrates, que no podemos fiarnos de nada… ni de nuestras propias experiencias, ni de los libros (menos aún de los antigüos y de eras pasadas) e incluso ni siquiera de nuestros própios sentidos. La verdad es que sin llegar a los extremos filosóficos del “solo se que no se nada”, siempre he visto el mundo asi. Si ni siquiera te puedes fiar al 100% del mejor de los amigos, o del familiar más cercano… si incluso la persona en quien más confies puede estar engañándote por algún motivo bondadoso, o te puede convencer de algo estando esa misma persona equivocada sin saberlo y logrando por ende que ambos lo esteis… si en tu própio microuniverso no puedes estar seguro de saber la verdad en toda cuestión sin margen de error… ¿Cómo no vamos a vivir en la ignorancia total cuando pasamos de lo minimalista a lo más general de la vida?

Y no, no estoy hablando de física, o matemáticas teóricas; no soy ningún Sheldon Cooper al uso que teorice sobre neutrones, protones, el Bolsón de Higgs, la teoría de cuerdas o la de la relatividad. De hecho me encantaría, pero antes de poder averigüar si mi mente da para tanto, mi conocida pereza y dispersión hizo que ni lo intentara, decantándome por conocimientos de letras, y mucho menos dolorosos para mi vaga cabeza, aunque también mucho menos interesantes, eso es cierto.

De lo que hablo cuando hablo de la verdad en las cuestiones generales de la vida es simple y llanamente a la del mundo en que vivímos, a nivel práctico. Si, yo también fui fan de Expediente X , y no, no soy ningún paranóico… o quizá no lo suficientemente paranóico, como decía Tom Sizemore en la genial Días Extraños. No creo por creer en conspiraciones innecesarias, teorias absurdas y demás gilipolleces (de las cuales pueden ser ciertas una de cada diez mil, no lo niego). Pero sé que el mundo no es como nos lo cuentan. Eso de “la historia la escriben los vencedores” se puede aplicar sin ningún rubor a nuestro presente, al día a día.  Vivimos en una mentira sencilla en el mejor de los casos, y en mentiras que tapan mentiras y que tapan otras mentiras asi en una espiral en la que ya se perdió la verdad hace tiempo en los casos más enrevesados. Todo va por estratos diversos, y cada uno de ellos ha proporcionado su granito de arena en ésta época post-romántica en la que los políticos llenos de ideales de no hace tanto, en la que los periodistas objetivos que investigaban la verdad al precio que fuera, en el que la gente que sabía por lo que luchaba, han dejado paso a un sistema corrupto o dañado desde sus más profundos pilares a las torres más altas.

Uno de esos estratos, y el que más me jode que esté viciado y corrupto, es el de los medios de comunicación, el mundo del periodismo. Soy amante de ese mundo, quizá por demasiadas películas antiguas del periodista que se jugaba la vida por sacar la verdad a la luz, quizá por grandes casos periodísticos de la historia reciente, como el del escándalo del Watergate, siempre he creido en ese periodista con código de honor, adicto al café, con barba de tres dias y una vida desastrosa, casado con su profesión y dándolo todo por una buena historia, dándolo todo por la verdad pura y dura. Por eso me duele tanto y me tomo como algo personal ver como el periodismo de hoy en día no es otra cosa si no propaganda descarada.

Los periódicos, las cadenas de televisión, las radios, todos los medios de comunicación pertenecen a una u otra gran corporación, a grupos de medios de comunicación con vertientes políticas de un lado u otro, y con simpatías y conexiones con los principales partidos políticos. Y, ojo, digo “vertientes políticas”, que no “idealistas”, que no es lo mismo.  Una cosa es que un periódico sea de izquierdas, o sea de derechas, eso no es malo en si mismo, mientras intente ser objetivo, y otra cosa es que estén politizados y bailen al son que les dictan los partidos a los que defienden a capa y espada, con metiras, tergiversaciones, omisiones de información, etcétera. Solo hay una cosa más triste que ver las noticias y saber que te están intentando engañar o empujar a que opines de un modo u otro sobre algo con su propagánda descarada, y es escuchar hablar a la gente y ver que funciona, que de verdad la gente se deja engañar sin oponer una mínima resistencia, sin pensar ni un segundo por sí mismos, sin cuestionarse nada. ¿Dónde quedó tu famoso Sapere Aude, Kant?
No puedo dejar de acordarme, aparte de los famosos bailes de cifras en los medios entre unas manifestaciones y otras según de qué sea la manifestación y de quien te lo cuente, o de otras cosas que he vivido y visto con mis propios ojos y luego he tenido que escuchar con la boca abierta las noticias dandole la vuelta totalmente a ello, no puedo dejar de recordar, repito, aquel día hace años en las fiestas de San Sebastán de los Reyes, en el que tras una pelea entre dos grupos de chavales por un comentario sobre la novia de uno de ellos, la pelea se convirtió en una minibatalla campal entre los dos grupos enfrentados, quizá 20 o 30 personas involucradas. Entonces los agentes municipales de la ciudad, al no poder, o no atreverse, a separar tamaña pelea, decidieron avisar a la policía nacional, que ni cortos ni perezosos acudieron con los furgones y los trajes antidisturbios a cargar contra TODA persona que alli se congregaba en el recinto ferial, miles de personas, que nada tenían que ver con el pequeño grupo original de la pelea. ¿Qué sucedió? Pues que miles de jovenes, que sin saber por qué motivo habían sido obligados a correr de repente sin previo aviso, o en el peor de los casos habían sido agredidos con el mismo motivo inexistente por los antidisturbios, cuando acabaron las cargas, heridos fisicamente o en el orgullo, enfadados y borrachos, respondieron a esa agresión por parte de las fuerzas de seguridad, causando destrozos y actos vandálicos por toda la zona.

Para dejarlo más claro: mi propio caso; yo estaba con varias personas en una peña o caseta del recinto ferial escuchando música y tomando las últimas cervezas de la noche cuando veo aparecer a un “nacional” ya mayor, con la porra en la mano, y se dirige a un camarero diciendole que tienen que cerrar la caseta. Yo, que ya he estado en unas cuantas y se como funciona esto, le digo a mis acompañantes que nos vayamos, los cuales, sorprendidos, me preguntan que por qué, y les respondo que me hagan caso, que no se por qué, ni que es lo que está ocurriendo, pero que lo que está claro es que se va a liar. Mientras salimos los primeros de la peña los alcanzo a escuchar al camarero preguntarle (en todo momento de buenas maneras) al policía que por qué tienen que cerrar, si aún quedan casi dos horas para el cierre de las peñas, y la respuesta del “amable” agente fue un porrazo improvisado a las costillas del chaval mientras le grita un “¡que cierres, coño!”.

Ya fuera vamos andando tranquilamente, como unos cuantos cientos de personas más que también estaban saliendo tranquilamente de las peñas adyacentes, cuando al minuto veo aparecer varios furgones de antidisturbios de los cuales se bajan decenas de ellos, que a los pocos segundos estaban cargando calle abajo, y los cientos de personas que acababamos de salir tranquilamente de las peñas y que no solo no teníamos nada que ver con la pelea que al parecer estaba ocurriendo en la otra punta del recinto, si no que ni la habíamos visto o sabíamos nada de ella, sin saber por qué nos vimos obligados a correr como locos calle abajo para evitar que nos abrieran la cabeza de un porrazo. Imaginaos la situación, un minuto estás en una peña de buen rollo con amigos, y al minuto siguiente sin saber por qué estás huyendo de unos cuantos policias que están deseando clavarte las botas en las costillas. Para mi, que he estado hasta el final en muchas manifestaciones, me pareció hasta ridículamente divertido, como si hubieran empezado los últimos encierros de esa semana. Pero imaginaos gente más “normal” que yo. Vi muchas caras, sobre todo de chicas, de incredulidad, gente llorando, preguntándose “¿pero qué es lo que hemos hecho?” entre lágrimas cuando al fin podían pararse a respirar escondidos en alguna esquina.

Tras esos momentos de desconcierto, caos y hasta terror, al final cesaron las cargas y entonces sucedió: una marabunta de gente borracha pero a la vez indignada y cabreadísima con toda la razón del mundo para estarlo, empezó a dar rienda suelta a su rabia a base de destrozar mobiliario urbano, vaciar papeleras, tirar piedras e incluso hasta quemar contenedores de basura. Yo no participé en esos actos vandálicos, ni los justifico (aunque comprendo que si vas por la calle y de repente un señor que no conoces te zarandea y te tira al suelo sin previo aviso ni motivo aparente, lo más probable es que te levantes cabreadísimo dispuesto a darle un par de tortazos), pero lo que quiero aportar y dejar claro es que los disturbios a gran escala ocurrieron DESPUÉS de las cargas policiales desproporcionadas e injustificadas. Por parar una pelea entre 20 personas en un rincon de las fiestas cargaron contra miles de personas inocentes por todo el recinto, ¿y esperan que no ocurriera lo que ocurrió?

Un amigo y yo tras comprarnos unos bollos para desayunar en el local en el que nos refugiamos de las cargas policiales, nos fotografiamos camino a casa.

Y el quid de la cuestión. ¿Qué es lo que me encontré al día siguiente en todos los periódicos digitales, en todas las noticias? Pués más o menos en todas ponía algo asi como: “Disturbios en Sanse“; por una pelea aislada que se extendió, cientos de jóvenes borrachos comienzan una enorme batalla campal quemando contenedores, destrozando la feria y las calles de alrededor, y ante tamaño caos los policias temiendo ser agredidos por esta multitud violenta tuvo que avisar a los antidisturbios que al final lograron hacerse cargo de la situación.

Vamos, que en vez de ser ellos los causantes, resulta que es que todo Sanse estaba en llamas y que los valientes antidisturbios lograron sufridamente traer la paz tras tensos efrentamientos. Pués eso no es lo que yo vi a mi alrededor. A mi alrededor vi miles de personas tranquilas, y de repente las cargas,y la gente no enfrentándose, si no huyendo. Y los disturbios empezar cuando los antidisturbios desaparecieron. Pero claro, si lo dice El Pais, si lo dice El Mundo, si lo dicen La 1, Telemadrid y Antena 3, ¿como no va a ser la verdad? Y asi, el mundo no es como es, si no como ellos nos dicen que es. Y la gente de a pie ve las noticias mientras come y acepta todo como verdadero universal, sin pararse ni un segundo a dudar de si no estarán siendo lobotomizados.

Y hay poco sitio para la esperanza de que esto cambie, cuando vemos un pequeño rayo de ella iluminándonos con una pagina objetiva de auténtico periodismo de investigación que no se casa con nadie y que sin miedo denuncia a unos y a otros, pero en cuanto crece lo suficiente para llamar la atención del mundo y tocarle las narices un poco a los paises más poderosos, enseguida se urde una trama para decapitar a su primer valedor, cabeza visible y fundador.
Pero claro, eso es solo una de los estratos de los que hablaba al principio. Hay muchos más, por desgracia. Están las fuerzas armadas, servicios secretos y demás organismos del Estado que nos cuentan solo una pequeña parte de todo lo que hacen y de lo que ocurre en el mundo y que nos afecta. Están los políticos que nos tratan como imbéciles, lo peor de todo porque la mayoría debemos serlo por aceptar que nos tomen el pelo asi, y no hacen nada más que mentirnos y echarse capas unos a otros aunque la caguen, en vez de pedir perdón o solucionarlo, y que solo saben señalarse unos a otros entre los partidos, solo saben insultarse y desprestigiarse y están más pendiente de ello que de solucionar nuestros problemas. Y lo peor es que la mayoría de la gente de este país de imbéciles se toma la política como un deporte y actuan con el mismo forofismo, defendiendo pase lo que pase a su “equipo” y cargando , logren lo que logren, contra los del otro “equipo”, en vez de darse cuenta de que todos nos toman el pelo y nos roban y nos están jodiendo la vida por igual, y encima enfrentándonos, como hace 76 años. Y están los libros, que al igual que los medios de comunicación al final están tomando partido y verás la vida de un modo u otro depende de a quien leas, por no hablar de libros cientificos, de psicología, etc, lo que hoy es una verdad inmutable mañana será algo desfasado y habrá una nueva “moda”. Y claro está, luego están los niveles de nuestras patria hacia fuera (para nosotros Napoleón fue un déspota, y probablemente en Francia se enseñará que fue un genial visionario; pregunta en la Rusia de Putin si Stalin era un carnicero, o, más sencillo aún: pregunta a cualquier radical de izquierdas quien era el Che, y pregúntaselo a un exiliado cubano, verás qué dos personas tan distintas fue el señor Guevara según quien te lo cuente).

Y a todos esos estratos hay que sumarle la autotergiversación que nos hacemos nosotros mismos como humanidad con el paso del tiempo, que al igual que cuando pasan los años recordamos exnovios/as horribles pero que por algún tipo de sindrome de Estocolmo con el tiempo los recordamos solo por lo bueno que tenían y tendemos a olvidar lo malo, como humanidad nos pasa lo mismo. Hace nada vi en Facebook el típico post de una página muy de izquierdas, pero me he sorprendido al ver la cara de John F. Kennedy y debajo una frase, supuestamente suya: “El hombre ha de fijar un final para la guerra, si no la guerra fijará un final para el hombre”. Y debajo, en los comentarios, un montón de gente diciendo de él tonterias del tamaño de “Kennedy, por decir estas bellas verdades te mataron”. Yo, de verdad, he flipado en colores. A ver que me entere. ¿Como va el juego?¿Como Kennedy era demócrata, de izquierdas, y le asesinaron, es un mártir, y era un pacifista que se merece el Nobel de la Paz póstumo?

A ver, a todas esas decenas de personas que dieron “me gusta” y pusieron comentarios echándo de menos a tan bello icono de la paz: No se si es que sois ignorantes totales y no haceis nada por informaros de las cosas antes de opinar, que es lo más probable, o que sois simplemente tontos del culo, que tampoco lo descarto, la verdad. Está claro que Kennedy era infinitamente mejor presidente que el cuasi-nazi con el que se jugó las elecciones. Pero que una persona sea horrible no quiere decir que la de al lado sea un santo. Es como decir que como Stalin combatió a Hitler, que era el malo más malísimo, entonces Stalin era una buena persona y un luchador por la paz. Si, ese Stalin que sembró la URSS de campos de concentración y que cometió genocidios con su propio pueblo. Venga, que os ilustraré un poco, Jare Krisnas de los cojones (que es que de verdad que me tocais las narices):

John Fitzgerald Kennedy, ese amado y recordado pacifista para algunos, fue el jefe de estado que intentó dar un golpe de estado en un país ajeno infiltrando miembros de la Cia en Cuba para asesinar a Fidel Castro e instaurar un presidente a su gusto. Es el mismo pacifista que estuvo a punto de desencadenar la 3ª Guerra Mundial, esta vez con armas atómicas disparadas por todo el planeta, en los tensos días de la crisis de los misiles en Cuba (con la inestimable ayuda de los colgaos de la URSS). Y, por último pero no menos importante para que al fin le den el injustamente negado hasta ahora Nobel de la Paz, con Kennedy y por decisión suya comenzaron los eventos desencadenantes de la sangrienta guerra de Vietnam donde, entre otras lindezas, los Estados Unidos rociaron con napalm aldeas enteras quemando vivos a todos sus civiles con tal de acabar con la resistencia Viet-cong.

Asi que ya veis. Entre las mentiras de unos, de otros, y luego la estupidez humana, el mundo donde vivimos no es más que una falacia gigante en el que solo podemos aterrorizarnos ante ese hecho, o volvernos unos cínicos y unos pasotas que se despreocupen por todo excepto por lo que de verdad les afecte de cerca. El mundo nos lo cuentan como un cuento, al oido, pero como en aquel juego infantil del teléfono escacharrado, la verdad ha pasado de boca en oido, uno tras otros, por diversas personas que han variado la versión consciente o inconscientemente, voluntariamente o sin quererlo, hasta que lo que nos llega solo es una figura reflejada en un cristal semi-opaco y convexo que nada tiene que ver con el cuerpo que hay al otro lado. No solo somos ignorantes y sabemos pocas cosas, si no que esas pocas cosas que sabemos pueden estar viciadas y equivocadas. El teléfono está escacharrado, si. Y lo peor es que es el propio telefonista es el que nos corta el cable.