Ha pasado un año.
Es hora de darte mi pequeño homenaje. De darte las gracias. Hora de recordarte, y de contar nuestra despedida.
Hace un año moriste.
Eras vieja, si. Habian sido ya muchos años juntos. Me habias visto reir y llorar, dar saltos de alegría, y revolcarme por el suelo de desesperación. Habia sentido de ti hacia mi, y de mi hacia ti, el mas grande y cálido de los afectos.
Eras vieja, pero no estabas mal. Seguias feliz, o eso creo, a mi lado, esperando, dando y recibiendo. Con mas pausa en tus actos, y menos ganas de juegos, pero con la misma necesidad de calor de siempre. Y de repente llegó la hermana mayor de Sueño para llevarte de mi lado, para darte la recompensa eterna en forma de descanso por todos los años de dedicación y apoyo. Pero no te llevó demasiado rápido. Nos dio unos dias para despedirnos, para hacerme a la idea, y eso fue todo lo que necesité.
De un dia para otro te costaba andar. Andabas un par de metros o tres tambaleándote y luego tenias que pararte unos minutos. Te costaba mucho subirse a la cama o al sillón, y al bajarte te caías de bruces porque habias perdido de un dia para otro la fuerza en tus pequeñas patitas, así que esos últimos días te subía y bajaba yo de los sitios. Y al día siguiente un poco mas débil, y al tercer día ya no podías moverte.
Quitando esa debilidad no parecías estar sufriendo. No llorabas, no te quejabas. Estabas todo el tiempo en un sitio, te tenia abrigada, y te daba de comer y beber, y ronroneabas y movías el rabo. Y de vez en cuando parecía por tu mirada y gestos que querías cambiar de sitio, y te llevaba del sillón del comedor a la cama de mi habitación.
Y así pasaron esos días. Estuve a todas horas contigo, y dormías entre mis brazos. Y excepto porque no podías moverte de un lado a otro, parecías estar bien. Ni maullabas ni te quejabas. Estabas tranquila y despierta, ronroneando cuando te alimentaba, y moviendo el rabo cuando te acariciaba.
El sexto día si empeoraste.
Ese día cuando volví del trabajo, pobrecita tú, maullaste lastimeramente al sentirme llegar, y vi que habías perdido la visión por un ojo, ya que mientras el otro estaba normal, ese tenia la pupila cerrada. No parecías verme, pese a estar al lado, y cada pocos minutos maullabas muy tristemente.
Joder, me partías el corazón, y aunque yo quería que murieras tranquila y caliente en el hogar que conocías, y a mi lado, desde luego no quería que sufrieras, y en esos momentos si sufrías, así que cogí las paginas amarillas y busqué un veterinario, para que todo acabara rapido y dejaras de sufrir.
Me resignaba a llevarte a un lado extraño, asustada, nerviosa, a que te pusieran una inyección letal. Pero tampoco quería verte sufriendo. Estuve una hora aproximadamente llorando silenciosamente contigo entre mis brazos, arropada, meciendote, intentando que estuvieras lo mas a gusto posible, y decidiéndome si llamar o no al veterinario de urgencias (eran las 11 y 30 de la noche), pero no hizo falta: una hora después me di cuenta de que habías muerto.
Me sentí raro.
Me sentí tranquilo.
Me quedé mirándote un buen rato en silencio.
Ya no parecías sufrir, parecías estar en paz.
La verdad es que nunca había estado en un entierro: mis abuelos paternos murieron cuando yo era muy crío, y los maternos seguian vivos cuando te fuiste, así que aun no sabía lo que era pasar por la muerte de un familiar. Pero para mi tú eras mas importante que todos o casi todos mis familiares. Tú, que has vivido a mi lado y que has dormido en mis pies durante 15 años, mas de la mitad de mi vida, no eres (eras) una mascota.
Eras una hija, eras una hermana, una compañera. Dudo mucho que la muerte de casi nadie pueda significar para mi tanto como lo que ha significado tu muerte. Pero en ese momento, no se, fue muy espiritual. Llevaba los últimos dos años pensando que ya eras vieja, y con miedo a que murieses. Y los últimos días sabia que estabas muriendo, que ibas a desaparecer de mi vida, y sufrí una tristeza inconsolable, aunque intenté no llorar delante tuya, porque quería que tus últimos días fueran lo mas felices posible. Pero sufrí y lloré durante toda esa semana cuando me apartaba de tu lado: sabia que era la despedida.
Pero cuando moriste, te vi tan tranquila, tan en paz, como dormida, relajada… no me sentí triste. Me sentí por un lado aliviado de que ya no sufrieras (creo que las ultimas horas debieron ser muy dolorosas para ti, pobrecita), y por otro lado alegre porque sabía que habias tenido una vida larga y feliz, y porque saboreé en esos momentos, contigo en mis brazos, mirandote, saboreé de nuevo todos esos momentos de felicidad que me habias regalado, tú, esa preciosa criatura, en tus 15 años de vida. Y lloré silenciosamente acariciandote la cabecita y recordando todos esos momentos, pero sonreia, porque en ese momento no lloraba de tristeza (ya habia estado una semana entera llorando de infinita tristeza) si no de agradecimiento.
Nunca podré agradecerte lo suficiente toda la felicidad que me regalaste. Nada que haga yo en tu recuerdo hará justicia a todos esos años.
Joder.
Luego fui al baño, cogí la cortadora de pelo y me rapé la cabeza al cero. No me preguntes por qué, no lo sé bien, pero cada ocasion de mi vida en la que me ha ocurrido algo especialmente doloroso me he afeitado la cabeza. No se si es algo fisico, si reflejo fisicamente con un gran cambio el cambio que se produce en esas ocasiones en mi interior. O a lo mejor es algo psicologico, en plan budista, me afeito la cabeza para que el dolor y la angustia no se quedé en mi cabeza, para que se vayan y solo quede el buen recuerdo… no lo se. Aunque en este caso si se por qué lo hice. Era mi manera de mostrar luto por ti. En esos momentos me doy igual yo, mi aspecto, mi fisico. Nada de eso tiene importancia cuando pierdes a alguien a quien quieres y necesitas de verdad.
Tras raparme la cabeza cogí tu cuerpecito y lo envolví en una camiseta mia, como un sudario, dejando solo tu cabeza fuera, y te deposité dentro de esa caja de zapatos en la que tanto te gustaba esconderte y jugar, y con la que decidí enterrarte. Te escribí en una hoja un pequeño poema agradeciendote la vida que me habias dado, y antes de cerrar la caja de zapatos, tu improvisado ataud, guardé dentro el poema, junto con ese cepillo que tanto te encantaba, y mi camiseta, para que en la otra vida sintieras mi olor y no me echaras tanto de menos (vaya, ahora escribiendolo me parece un poco ridiculo… pero necesité enterrarte con algo mio, para que pudieras sentirme a tu lado y no tuvieras miedo. Ahora me siento gilipollas contandolo, pero volveria a hacerlo). Luego cogí la caja, una linterna y una pequeña pala, y me fui de madrugada al campo, (atravesando Torrejón, y cruzando la A-II, y en solo 20 minutos estaba en medio de la nada), y te enterré debajo de un pequeño y joven arbolito, para que el vegetal chupara de tus restos y creciera llevando dentro de él un poco de tí.
Debía parecer un loco, un dia de diario, a las 2 de la madrugada, escavando al lado de un árbol, a la vista desde la autopista, con una pala de plastico que apenas hacia mejor el trabajo que mis propias manos. Pero no importaba nada, todo había pasado a segundo plano.
Tras un buen rato, que no se si fueron minutos o un par de horas, habia terminado de enterrarte, tras darte un ultimo beso, y pronunciar una oración improvisada a la noche en tu nombre. Te deseé buen viaje, te volví a dar las gracias, y terminé.
Nunca en mi vida me he sentido tan indiferentemente vacío como cuando volvia a casa esa noche, dejandote atrás para siempre. Y no pude dejar de preguntarme si realmente conseguí que fueras tan feliz como te merecias, pequeña amiga. Ahora creo que si, pero esa larga vuelta a la nada, a mi casa vacía, por primera vez en 15 años sin tí esperándome, no podía dejar de recordar todas las veces que te había gritado o me había enfadado cuando hacias algo mal, sin darte cuenta.
Esa noche no conseguí olvidar lo jodidamente egoistas y capullos que somos los humanos.
Y hasta aquí mi historia. Ha pasado un año, y por fin me he sentido con fuerzas de escribir este último capítulo de tu (nuestra) vida. Estés donde estés, espero que hayas tenido un placido viaje, y que te arropes en esa vieja camiseta si alguna vez me echas de menos tanto como te echo yo a ti.
Solo queria darte las gracias una última vez, pequeña, y decirte que al pasar casi cada dia al lado del pequeño árbol, pienso en tí, y sonrio.
Te quiero, Yuli.

encima de la estanteria
Posdata: Se que no estás enfadada, a pesar de que me prometí que después de ti no habria más. Pero se que sabes que no podía dejar que muriesen nada más nacer, no delante mía.
Se llaman Bicho y Niña, y creo que te habrían caido bién.

Y sabes? La pequeña se parece mucho a tí, y alguna vez me confundo, y cuando la llamo, digo tu nombre…
Hasta siempre, pequeña Yulita.
